La cafeína es una droga psicoactiva por lo que puede existir una dependencia de la bebida y la tolerancia aumenta con el tiempo. Aproximadamente media hora después de beber una taza de café, esta sustancia se activa y el organismo la absorbe rápidamente; entonces comienza toda una revolución: los vasos sanguíneos se contraen y la presión arterial aumenta.

Una cantidad moderada de cafeína puede mejorar nuestro estado de ánimo, energía, estado de alerta, concentración e incluso rendimiento deportivo -este es un punto a su favor- aún así, para quienes consumen más de 400mg de cafeína al día, no hay evidencia suficiente para evaluar sus efectps negativos pero sí sabemos que el consumo de dosis elevadas pueden provocar intoxicación, temblores, nerviosismo y latidos cardíacos irregulares.

Cuando no se consume la cantidad acostumbrada o estamos en etapa de abstinencia, los síntomas más comunes son: dolor de cabeza, fatiga, irritabilidad, dificultad para concentrarse y depresión.

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“El acto de consumir café es tan común y está tan arraigado en nuestra cultura y hábitos frecuentes, que por lo general no pensamos en ello como una fuente potencial de problemas cuando se torna costumbre o hábito”