Maridaje vino y comida cubana

Sugerencias de maridajes entre vinos y la comida cubana

La mayoría de los vinos se producen para acompañar la comida, y existen muchos criterios sólidos para armonizarlos con éxito. No existe una imponderable elección (salvo excepciones), pero sí es cierto que, en cuanto a matrimonio, algunos resultan ser una mejor elección que otros.

En sentido general, en cualquier tipo de cocina el consejo más importante para elegir un vino es pensar en los ingredientes de la comida y su sabor. ¿Será ligera, con muchas proteínas, acompañada de una salsa con algún gusto especial?

Esto le permitirá tener una idea más clara acerca de qué tipo de vino le puede ir bien.

Espumosos:
Aperitivos, canapés, pescados y mariscos en general. Si son Vintage pueden acompañar toda la cena hasta el asado, siempre y cuando no sean muy exorbitantes los alimentos.

Blancos ligeros:
Crustáceos cocidos, pescados blancos poco condimentados (cocidos o la plancha).

Blancos con cuerpo:
Crustáceos a la parrilla, moluscos de concha (ostras, almejas), pescados de sabor pronunciado.

Blancos criados en madera:
Pescados y mariscos potentemente condimentados, carnes de pollo o ternera a la brasa, ahumados, pescados marinados.

Maridaje vino y comida cubana

Rosados:
Paellas y arroces secos de carne, pasta italiana, platos de verduras, carnes de cerdo y pollo.

Tintos jóvenes:
Asados, carnes gelatinosas, estofados de carne, pollo asado, asados de ternera, quesos de corta y media curación.

Tintos maduros:
Carnes rojas de vacuno asadas o a la parrilla, jutía, y determinadas especies de caza de pluma, como paloma torcaz o pato. Salsas complejas.

Blancos dulces:
Frutas, postres caseros, quesos azules.


maridaje con vino

El ABC del maridaje entre Vinos y Comida

El término maridaje es hoy uno de los más recurrentes en la gastronomía mundial. Para los inexpertos en el tema, nunca está de más un poco de conocimiento al respecto. De esta manera, cuando nos encontremos compartiendo nuestra comida con vino, haremos una mejor selección, consumiremos de manera más consciente y pondremos a prueba si lo aprendido se aplica o no; entonces el acto irá más allá de solo alimentarnos y pasaremos de seguro un rato más agradable que hasta puede convertirse luego en un intercambio de consideraciones como parte de la sobremesa.

Si bien los académicos han insistido en definirlo como la unión, analogía o conformidad con que algunas cosas se enlazan o corresponden entre sí, para los amantes del arte del buen comer significa mucho más.

Es la armonía entre vinos y platos, el ensamblaje perfecto de sabores y aromas, que hacen de cada comida una fiesta para los sentidos. Sin embargo, quienes se aventuren a casar vinos y gastronomía deberán tener en cuenta algunos preceptos para lograr un resultado feliz.

ÁCIDO, AMARGO, DULCE Y SALADO

Previo a cualquier maridaje, todos debemos tomar en cuenta que la percepción del sabor se expresa en cuatro formas fundamentales: ácido, amargo, dulce y salado.

La acidez de los vinos depende del tipo de uva con que se elaboren y por lo general, es característica de los blancos. Un vino ácido suele resaltar o enriquecer los sabores de las comidas. También resulta útil si se quiere aminorar la sensación de salado o disminuir la textura oleosa de preparaciones con crema o queso.

El sabor amargo, en cambio, está determinado principalmente por la carga tánica del vino tinto. Los vinos amargos se complementan bien con los sabores fuertes de la carne roja asada o los ahumados. También son buenos aliados de ingredientes naturalmente amargos como la Rúcula o las Espinacas.

maridaje con vino

Asimismo, todos los vinos, en mayor o menor medida, tienen algún grado de dulzor. El azúcar es un elemento inherente a la uva y su contenido final está determinado por el proceso de vinificación. Mientras menos azúcar residual tenga un vino, más seco se expresa en el paladar.

Los vinos dulces casi siempre moderan comidas con muchas especias, aunque también sirven para acompañar platos agridulces o postres. A modo de contraste, pueden servirse con ingredientes salados.

Aunque es casi imperceptible, el sabor salado también es un componente de algunos tipos de vinos, que se obtienen a partir de uvas cultivadas en algunos tipos de suelos. De los cuatro sabores, es el menos encontrado en los vinos, pero de aparecer debe tomarse en cuenta que este acentúa el sabor de los taninos y el alcohol.

MARIDAR CON CREATIVIDAD

Una de las normas esenciales del maridaje es que la intensidad gustativa del vino debe ir siempre en correspondencia con la del plato, de modo que ninguno eclipse o anule al otro. Teniendo esto en cuenta, puede establecerse de dos maneras distintas: por similitud o por contraste.

La similitud es la forma más común: cuando se busca continuar una intención en el plato, o sea, resaltar con el vino uno o varios sabores de la comida.

Por otra parte, el contraste en el maridaje se establece cuando al sabor de la comida se le adiciona uno nuevo a través del vino, pero de una forma armónica y agradable al paladar. Un plato de foie gras podemos acompañarlo con un vino dulce. Ese contraste entre amargo y dulce va a derivar en un tercer sabor, que resulta muy sabroso.

Estos análisis demuestran la importancia de reconocer los sabores básicos y su incidencia clave para el maridaje.

La norma clásica establece vinos blancos para pescados y carnes blancas, tintos para carnes rojas y generosos para postres y, aunque en la gastronomía no existen fórmulas fijas ni preconcebidas, esta regla ha sido corroborada durante siglos. Obviarla nos puede conducir a extremos totalmente opuestos a la experiencia placentera de complementar sabores y aromas.